" ...(hoy que las casas antiguas sucumben a la más
ventajosa liquidación de sus materiales)..."
Julio Cortàzar
Casa Tomada
Si hay alguien que logra situarnos en el espacio mismo de sus narraciones, es Julio Cortàzar. Recuerdo haber tenido como trece o catorce años cuando leí el cuento "Casa Tomada" y estuve varios días dándole vueltas al asunto de qué o quién tomó la casa.
Después pasé a cuestionarme justamente por la casa, por esa familiaridad y casi amor que uno le profesa a los diversos muebles de la casa, a las sillas por ejemplo que se saben de uno y uno se siente raro si no se sienta donde siempre.
Más tarde no pude evitar pensar en mi hermana, en quién de las dos tejería, en quién de las dos leería literatura francesa y en quién de las dos le avisaría a la otra que la casa ha sido tomada; en eso radica el éxito de la ficción, en que uno puede colocarse fácilmente en los escenarios que lee.
Pero la cosa fue más allá de la ficción, el cuento de "Casa Tomada" no se quedó en ese plano y digamos que cimbró mi pensamiento respecto del espacio habitado. Juhani Pallasmaa escribe "La arquitectura nos hace vivir en mundos de mera invención y fantasía; articula las experiencias del ser-en-el-mundo y fortalece nuestro sentido de realidad y del yo...El significado primordial de un edificio cualquiera está más allá de la arquitectura; vuelve nuestra conciencia hacia el mundo y hacia nuestro propio sentido del yo y del ser." (Pallasmaa, 2014: 13)
Justamente cuando esa invención y fantasía que generan los edificios y la arquitectura nos envuelve, es cuando ocurre la conciencia sobre uno mismo, sobre esa relación indisoluble que hemos establecido con el espacio, sobre nuestro rol como cuerpos que todo el tiempo estamos apropiándonos de lo transitado, de lo caminado, de lo corrido, de lo habitado.
Recientemente he pensado mucho en mi casa, creo que todos estamos en esa etapa en la cual de pronto todo se vuelve inestable durante y después de un sismo. Ya no pienso en la fantasía que podría tener el que algo o alguien tomara mi casa, como le sucedió a Irene y su hermano en el cuento de Cortázar, pienso por ejemplo en qué pasaría si de pronto el mismo espacio tomara mi casa en la lógica de un sismo, seríamos arrojados a la intemperie y seríamos objeto de esta no-comunicación con el entorno que hemos desarrollado y a la vez, de este vuelco del cuerpo sobre la arquitectura que nos ha potencializado. Tal vez yo no tiraría las llaves a la alcantarilla, tal vez me aferraría a las actividades específicas que hago cotidianamente en mi casa.
Nuevamente Pallasmaa nos dirá:"La experiencia del hogar está estructurada en actividades definidas- cocinar, comer, socializar, leer, almacenar, dormir, actos íntimos-, no por elementos visuales. Uno se encuentra con un edificio; nuestro cuerpo se aproxima, se enfrenta, se relaciona con él, se mueve a través de él, utilizado como una condición para otras cosas. La arquitectura inicia, dirige y organiza el comportamiento y el movimiento." (Pallasmaa, 2014: 49) No imagino la relación impuesta a la hora de dejar una casa, ya sea por una presencia de algo o alguien que obliga a salir, o por un fenómeno natural que destruye y de pronto ya estás afuera, sin esa comunicación corporal con la arquitectura de lo familiar, sin ese matrimonium excepcional que tenemos con el espacio construido.
BIBLIOGRAFÍA
Cortázar, J., 1951. Casa Tomada en Bestiario. Buenos Aires, Alfaguara.
Pallasma, J., 2014. Los ojos de la piel. La arquitectura y los sentidos. Barcelona, Gustavo Gili Editorial.
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