[caber]
"De suerte que es el espacio quien siente y piensa."
Fernández Christlieb tiene la capacidad de remitirnos a reflexiones que giran en torno a todo lo que conocemos visto desde una perspectiva que o no conocemos, o se nos olvida que conocemos. El espacio es una de esas cosas que conocemos pero que, históricamente, la hemos dado por hecha, construida, ya dada, bien estable-cida Y en realidad el espacio puede estar re-interpretado y re-significado de muchas maneras.
"El espacio se define como un objeto envolvente que contiene objetos envueltos, donde aparecen contornos, huecos y percepción...y la dinámica suscitada por estos modos del espacio puede dar cuenta del surgimiento y orden de la racionalidad y la afectividad"
Nada más sugerente que esta afirmación para ponerse a pensar que en efecto, el espacio suscita afectividades, y que en estas afectividades hay huecos, no metafóricos sino físicos.
Me gusta pensar y de alguna manera concordar con la idea de la mente desde una concepción ambiental, más fuera del individuo pero sin dejarlo de lado, concepciones que nos llevan a dar cuenta del movimiento, el impulso, las relaciones, los procesos de interacción, creo que es justamente ahí donde surge la re-significación del espacio.
Y bueno, quisiera, a partir del análisis del texto El espacio como entidad psíquica del aquí citado y favorito Pablo Fernández Christlieb, centrar mi atención en la parte "Del espacio como hueco", por tres razones: primero porque es muy cierto eso de que "son los huecos lo que constituye el espacio", segundo porque "es sólo merced a los huecos que puede haber movimiento" y tercero porque "en los huecos se da la acción".
Cuando niña, me gustaba mucho ir a casa de mis abuelos maternos porque mi abuela cocinaba muy bien, lo trataba a uno con una delicadeza bárbara, podía uno correr muy bien ahí, descubrir cosas en el patio y sentarse en la escalerita a descansar o simplemente ver el árbol de higos; de vez en vez dejaba caer uno que otro para placer y deleite de quien sabía esperar pacientemente esa caída. La casa de los abuelos era un tesoro provinciano en medio de los caprichos de una ciudad de revolturas y caos.
Cuento ésto porque, en las muchas visitas a la casa de mis abuelos, fue justamente una frase de mi abuelo la que detonó la reflexión en torno a los huecos y cómo éstos son la prueba clara de que en efecto, el espacio está a merced de ellos. Mi abuelo se paraba a las tres de la mañana todos los días, y se iba a acostar a las seis de la tarde, un hombre muy metódico. A las seis menos cuarto se paraba del sillón a dejar su taza de té y lavarse los dientes, todos los días, pero cuando la casa estaba llena, con toda la familia reunida, se apresuraba unos minutos antes porque sabía que le tomaría más tiempo llegar al baño, sabía que había que librar obstáculos como sillas y nietos juguetones. En el momento en que él pasaba, había un silencio sepulcral y todos nos apresurábamos a hacernos pequeños y darle paso al abuelo, y aunque la danza era ejecutada de manera impecable, él siempre decía " No se quiten,.ahí cabo, ahí cabo".
Claro, él sabía perfectamente que probablemente no cabría si había una silla o una persona, pero era el abuelo y como todo hombre sabio mayor, tenía que conciliar el espacio, el de los huecos y el del amor familiar. Cabía de lunes a viernes porque no había nadie, había un hueco entre el comedor y la mesita para poner objetos inútiles por donde cabía perfectamente; sábado y domingo el hueco no era hueco, era acción, movimiento y afectividad. Los huecos marcaban el compás de la danza familiar, la del movimiento afectivo. Y aunque todos pensábamos que le era molesto pasar por ahí los fines de semana, en realidad fue muy feliz teniéndonos a todos reunidos, haciendo de los huecos, huecos móviles.
En fin, hasta ahí la anécdota de mi abuelo.
***
Muchos años después de esas historias familiares, conocí la obra de Agatha Fuku, una chica de Ciudad de México residiendo en Yucatán, dedicada a la danza y a llenar huecos en espacios públicos, ella se hace chiquita no para hacer un hueco, sino para llenarlo. Una suerte de volverse el espacio mismo o de mimetizarse con los objetos, pero de que anda tentando la idea del contorno, el hueco y el movimiento en el espacio, la anda tentando.
Quien sabe, la próxima vez que anden por ahí en la calle, fíjense, igual la encuentran acurrucada en algún hueco, tal vez ella, como mi abuelo, ahí cabe.
Se las dejo, háganse un hueco de tiempo para ver su obra. Algunas de las fotos pertenecen a su proyecto personal "Pequeños Espacios", algunas otras fotos son en colaboración con un fotógrafo llamado David Flores Rubio, y son externas al proyecto mencionado.
(foto por David Flores Rubio)
(foto por David Flores Rubio)
(Proyecto "Pequeños Espacios")





































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